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Cuando un periódico clásico se repiensa como es el caso del domincal más antiguo y prestigioso del mundo y que vió la luz un domingo de diciembre de 1791, no es una tarea sencilla. The Observer, además de ser una leyenda del periodismo inglés, es un referente mundial por su tradición y credibilidad, es reconocido por su mirada y selección de contenidos. Periodismo de calidad.
Y donde los contenidos son tan cuidados, el diseño tiene una enorme oportunidad para desarrollarse y lograr el compromiso de los editores con el rediseño, un respeto mutuo que lleva a que los diseños perduren y al mismo tiempo evolucionen. Una amalgama perfecta.
Este dominical es una especie de gran mosaico que cubre las noticias, las analiza, ilustra y presenta a sus lectores de una forma creativa e inteligente. Pura sustancia informativa. The Observer es un pedazo de la historia del mundo que mucho cambió desde 1791 año de su fundación y que coincidia con la muerte de Mozart por fiebre reumática. Justo un día después de que The Observer había nacido y comenzaba un registro histórico de hechos que marcaron a la humanidad como por ejemplo, el desarrollo del proyecto de ley de los derechos civiles que estaba tomando forma en los Estados Unidos, mientras que filósofos, pensadores o economistas destacados como Goethe, Kant, Hegel, Voltaire o Adam Smith estaban ocupados publicando trabajos que aún hoy perduran en el tiempo. The Observer lo registro todo en sus páginas dominicales.
The Observer empezó a circular en las calles de Londres en un contexto histórico enmarcado por la era "Clásica" de la música y para más datos un joven y talentoso compositor de 21 años llamado Beethoven, estaba componiendo sus primeras obras inmortales. El entorno era más que apropiado para que este dominical comenzara a circular. Intentar separar a The Observer de la historia es un casi ejercicio inútil y estéril.
::: Repensar un clásico. Pocas veces en la historia de un periódico impreso se presenta la oportunidad de oro de "repensarlo". De poder mirarlo molécula por molécula, desarmarlo y volverlo armar. Y más aún si esa posibilidad se da por un concurso internacional junto a otros tres estudios y ganarlo por supuesto. The Observer es además la edición dominical de otro de los grandes de la prensa del mundo: The Guardian ambos se transformaban a formato berlinés y se repensaban. El formato más preferido por los lectores en estos últimos tiempos también denominado también compacto, era una disparador inmejorable para que The Observer mirara sus contenidos en profundidad. El formato berlinés permite entre otras cosas seguir produciendo un periódico en secciones separadas y aquellos lectores que justan compartir a The Observer con su familia lo podía seguir haciendo.
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A esta altura el reto de repensar a The Observer, tenía aspectos que otros proyectos de repensamiento no habían tenido. Las preguntas comenzaban a multiplicarse: ¿Cómo podíamos amplificar el rol de Internet y sus códigos de color para los lectores del periódico impreso y qué paleta de color le daría continuidad al ya colorido The Observer. El color en función de la navegación del contenido en la edición impresa. El dilema era simple pero contundente:el clásico y venerable dominical no debía perder ni un miligramo de sus enfoques y al mismo tiempo debía adquirir una mejor facilidad de navegación de sus contenidos, tener mayor fuerza e impacto gráfico en su presentación. El lector típico del dominical The Observer es un lector muy exigente con la calidad de su escritura y periodismo, con el mantenimieno de la más alta cuota de credibilidad y un nivel de servicio de la publicación pocas veces visto en otras publicaciones.
Cada elemento del diseño desde la más diminuta estructura de la información a la puesta en páginas más grandes debían tener en cuanta que el lector se había acostumbrado a leer un periódico que explicaba todo a sus lectores y sin perder vista que este dominical estaba en medio de la cultura de los siempre conectados que demandan otros estímulos par ala lectura de un diario profundo y completo como es The Observer.
No fue casual que se hicieran pruebas y nuevas pruebas de páginas que se analizaban, cambiaban o inclusive se rehacían de nuevo para bajarle o subirle el tono gráfico, mientras se desarrollaban otras ideas que se pensaban que tenían mayores posibilidades y obligaban a escribir y reescribir textos. Todo fue puesto a prueba, textos más largos o más cortos, mayor impacto gráfico o menor.
Así se llegó a agosto de 2005 con un prototipo para The Observer del cual editores y lectores estaban orgullosos según los testeos que se hacían. Los ajustes más finos continuaron hasta estos días; y es lógico, los periódicos viven en un mundo de cambios constantes y hasta los repensamientos están envueltos en esa vorágine.
::: Proceso de cambio.
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Al momento de realizar las propuestas para las portadas, se trabajó pensando en tres escenarios informativos: un día normal, un día de información de mucha importancia o extraordinaria y un día con información importante pero con mayor impacto fotográfico que un día normal. También se trabajó con la hipótesis de que The Observer tuviera una nueva textura tipográfica que le permitiera presentar sus promociones de contenido sin sacrificar, en el cambio de tamaño, información.
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Las portadas de las secciones Sport, Bussines & Media y Review, que son los tres cuadernos que estructuran el periódico; debían combinar tanto la personalidad propia de cada sección, como la identidad general del producto. A través del color, los diferentes navegadores y sutiles cambios tipográficos, se logró conjugar ambas necesidades.
El impacto y el espectáculo gráfico son muy importantes en Sport. A diferencia de las otras secciones, la edición fotográfica y su combinación con el texto debían mantener un delicado equilibrio; dándole al despliegue de la imagen más peso sin resignar calidad.
Bussines & Media se fusionó con el suplemento Cash, más enfocado a finanzas personales. A diferencia de Sport, el texto y el volumen informativo, son el eje central de esta sección. Con una textura tipográfica clásica y con colores sutiles se le dio la personalidad adecuada a una de las secciones más importantes del periódico.
The Observer usa, en su nuevo formato y diseño, un marco tipográfico elegante y ecléctico. Para los titulares la serif Mercury Display en varios pesos, también la Mercury Text para el texto en cuerpo 9.25/10 de interlineado. Para tipografías secundarias se seleccionaron las sans serif Whitney Bold y Medium, Stainless y Retina, esta última para listados, tablas largas con cuerpos pequeños y todo aquel material que requiere una "lectura a dedo". Con Whitney y Stainless se logra el contraste y los acentos gráficos que se le quería dar al diseño
Equipo de proyecto: por García Media, Mario García, Paula Ripoll, Christian Fortanet y Rodrigo Fino. Por The Observer, John Mulholland y Jhon Duncan.
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